dimecres, 30 de març de 2011

Maladeta Oriental 3.308 m

El sábado día 29 de febrero ascendí junto a Javier la Maladeta Oriental. En mi caso ya son muchas las veces que he pisado esta bonita cumbre, pero en esta ocasión la ascensión tenía un color especial, y es que para Javier no solo era la primera vez que la pisaba, si no que también "casi" se iniciaba en el bonito deporte del esquí de montaña.

Aneto
Maladeta oriental
Algunas dudas antes de partir, que si el riesgo de aludes, que si hasta donde íbamos a llegar... y un largo cúmulo de preguntas que no hacían más que darle un aura más aventurera a la ascensión. A las 6h30 partimos desde el Hospital con buena temperatura para ascender por el itinerario de invierno hacia la Renclusa, pero desviándonos, sin llegar a ella, por el ibón de Paderna.
El día era ideal, sin viento, sin nubes y con una temperatura perfecta...
Cresta Maladeta y glaciar
Posets

Hasta los 2800m -cota que se había marcado Javier como ítem- Javier llegó algo confuso, no sé si la altura, los nervios o la falta de alimento y de agua que con la emoción olvidaba de reponer.



De aquí a los 3000 m el tema mejoro y sin darnos cuenta llegamos a la rimaya -ahora tapada- para sin dudarlo encaramarsnos con piolet y crampones por la helada pendiente que nos llevaría hasta la misma arista de la Maladeta. Javier era la primera vez que se calzaba unos crampones y hacía uso de la técnica del piolet por una pendiente helada... Dudó tras sentir a otros que se daban la vuelta, de que "aquello estaba muy helado y peligroso"... Le comenté que lo intentara y valorara sobre la marcha... i así lo hizo y superando la pequeña canal con maestría y seguridad.

Pico Maldito
Ya tan solo nos quedaban unos 100 m para alcanzar la cumbre y después de conseguirla nos lanzamos veloces de vuelta a por los esquís. El tiempo cambio por instantes y lo que inicialmente fue un bonito día acabo rápidamente tapado y con niebla.

El descenso por la canal helada fue sin problemas. Alcanzamos los esquís, nos ajustamos las botas y rápidamente comenzamos a esquiar por el glaciar... El descenso se nos hizo algo engorroso por la espesa niebla. De seguida comenzó a nevar...

Nos rebozamos con múltiples caídas, pues la niebla nos impedía ver el relieve, donde el cielo y el suelo se fundían con un blanco nuclear donde era difícil tener referencias...
Poco a poco fuimos descendiendo hasta alcanzar la segura pista de esquí de fondo que nos llevó de nuevo hasta el confortable Hospital... Allí comentamos la ascensión saboreando una refrescante y merecida cocacola...
Creo que Javier disfruto de la salida.  Yo también me lo pasé en grande viendo como él percibía nuevas sensaciones que posiblemente le despertaran nuevos sueños y proyectos futuros...
Ciscu

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